¡ Duende, llévanos a ese gran bosque!
Escrito por Webmaster Plataforma, viernes 19 de octubre de 2012 , 18:47 hs , en Aulas de Cirugía y Escolares Arrixaca
Viernes día 19 de Octubre de 2012, día que no olvidaré nunca. Dentro de mi trayectoria como maestra, uno de los mejores días de ésta. La primera vez que doy clase en un hospital, aunque había trabajado en otro hospital de otra ciudad como voluntaria haciendo talleres. Pero nunca había vivido esta experiencia de dar clase y ya adelanto que fue una experiencia muy bonita.
Al llegar al hospital (cosa que no me fue muy difícil a pesar de no conocerlo, gracias a las indicaciones de las compañeras del hospital), me estaba esperando en la puerta la compañera Mariana. Juntas fuimos a la sala de profesores donde tomé mi primer contacto con los compañeros. Muy positivo, son muy agradables y me hicieron sentirme una más. Desayunamos juntos y ya cada uno se fue para su aula. Mariana, Vicky y yo nos fuimos a la clase.
Una vez en el aula llegó el momento de preparar los materiales para que todo estuviera en su sitio, y esperar a que llegaran los niñ@s. Fue un momento de nervios deseando que todo saliese bien.
Como ya me habían advertido (sobre todo mi compañero Roberto), nunca se sabe qué imprevistos pueden pasar y debes estar preparado para todo. Cuando por fin llegaron los niños que tardaban un poco y estaba todo listo para contar la “Historia del Duende y las piedras que hablan”, para la cual había preparado una presentación en Power Point, se fue la luz y la tuve que contarla sin nada. Seguía estando bastante nerviosa ya que no sabía si los niñ@s iban a entender los imprevistos. Pero sí, claro que sí, ellos estaban allí esperando a que yo les contara y les hiciese música como fuese.
Para esa historia, tanto mi compañero Roberto como yo decidimos disfrazarnos de duendes. Casi al final de la historia y en el momento en el que el duende llegaba a los niños de la historia que yo les contaba, apareció Roberto tocando desde el pasillo un gran pandero con su disfraz de duende. Los niñ@s y yo muy atentos y expectantes le dimos la bienvenida. Era una  alegría que estuviera con nosotros.
A partir de ahí comenzamos la sesión entre los dos y lo hacemos con la canción “Buenos días”. Decimos Buenos días cantando a los niños. Ellos contestan también y les vamos entregando unas medallas de duende en las que les vamos escribiendo su nombre para que se las queden de recuerdo. Les parece muy bien la idea y se las ponen con mucho gusto.
Después cantamos la canción de Duende y les enseñamos un musicograma para acompañar la canción. Primero tocaron con los palillos chinos a modo de entrenamiento y tengo que decir que me encantaba la cara de satisfacción y alegría que tenían los niñ@s tocando y el gran interés que ponían, cosa que se demostró
Después cuando repartimos los instrumentos y lo volvimos a interpretar, les salía prácticamente perfecto. Cada uno buscaba sus posibilidades para hacerlo y hasta ellos mismos proponían añadir improvisaciones, como nuestro amigo Ayman. Fue muy bonito y emocionante desde el punto de vista musical.
Después, casi para terminar la sesión (que hay que ver qué rapidísimo pasa el tiempo cuando uno está pasándolo bien), Roberto sacó un árbol de otoño para regalárselo a la maestra Juana Mari, “El árbol de los deseos”, que lo había preparado para que en sus ramas dibujáramos claves de sol con pintura y al escribir cada clave pidiéramos un deseo que se quedarían plasmados en ese árbol. Nunca olvidaré la cara de ilusión y felicidad de los niñ@s dibujando su clave de sol.
Por último, mientras Roberto les pasaba el árbol para pintar yo les presenté mi instrumento, el clarinete, e hicimos un juego de adivinar trocitos de melodías de bandas sonoras. Cuando Roberto terminó el árbol,  lo dejamos secar para después colgarlo. Quedó precioso y los maestros también pusimos nuestro deseo en forma de clave de sol.
Finalmente, Roberto se unió conmigo en el juego de “adivina qué suena” pero él con el piano. Y con este divertido juego y a modo de pequeño concierto se nos acabó el tiempo.
Nos despedimos de estas dulzuras de niñ@s y les preguntamos cómo lo habían pasado. Sus respuestas fueron todas positivas, para todos había sido un momento muy agradable y divertido. He de destacar, sobre todo, dos niñas, una mayor y una más pequeñita, que eran más tímidas pero finalmente con su carita dulce y una pequeña sonrisa nos dijeron que se lo habían pasado muy bien. Personalmente he de decir que es una experiencia inolvidable, muy bonita y en la que aprendes mucho por todo lo que te vas encontrando. Aprendimos mucho de estas dulzuras de niños/as.
Muchas gracias por dejarme experimentar y vivir estos momentos, tan difíciles en ocasiones, pero tan enormemente gratificantes.
                                                                          
                                                                           Paqui.





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