Acuarela Otoñal
Escrito por Webmaster Plataforma, viernes 11 de noviembre de 2011 , 17:58 hs , en Aulas Cirugía y Escolares Arrixaca

 
Llegamos al Hospital por el camino equivocado, hicimos volar el coche para poder meterlo en la plaza de aparcamiento donde Ana nos esperaba pacientemente. De repente, un balón de hormigón, acompañado de su correspondiente estruendo, surgió de debajo de nuestro coche -¡La bola, la bola!- dijo Ana. Empezamos bien, el 11 del 11 del 11….

Tras los besos, abrazos y saludos, un desayuno saludable-energético en muy buena compañía nos puso las pilas para iniciar nuestra aventura en un día tan señalado en el calendario mundial.




El aula estaba ambientada en el otoño (Gracias Juanamari) pues habíamos preparado nuestra sesión en torno a este tema.

Mientras llegaban los niños por un camino de hojas simulando el bosque, sonaba una canción (“Ya llegó el otoño”). Al llegar charlamos con ellos, nos decían sus nombres, edades… y les regalamos un collar otoño-musical en el que escribimos su nombre.

Cuando ya estábamos todos, comenzamos a presentarnos de la forma más divertida: cantando nuestros nombres (“Dinos tu nombre”). Los niños se muestran muy participativos, expectantes por lo que vendrá después…; comienzan las primeras sonrisas, los primeros guiños que nos insuflan una bocanada de aire fresco y nos animan a seguir cantando, bailando y jugando todos juntos.











Algunos niños son más tímidos y les cuesta participar al principio, por lo que decidimos despertar el cuerpo cantando y bailando con “Damos palmas con las manos…”. Esta actividad les moviliza bastante, incluso los que están en cama sienten la necesidad de percutir con las manos, mover las piernas y acompañar la canción al ritmo propuesto. Durante esta actividad ha destacado el cambio de actitud en Irene, una niña con afectación neurológica, que al principio estaba inquieta y con un llanto más bien sordo. Le colocamos una sonaja en la mano para acompañar la canción “Damos palmas con las manos” y le moldeamos para que llevara el ritmo. Su expresión cambió radicalmente: intentaba indicar con sus ojos el ritmo, estaba muy bien y, por supuesto, desapareció su llanto.


 Tras esta actividad cargada de energía pasamos a otra más relajada. Visionamos el audiocuento “Ya llegó el otoño” (tomado de la web musicaeduca). Lo pusimos dos veces por petición general y pasamos después a una audición siguiendo los pictogramas del cuento en un musicograma.  


Durante esta actividad, cuando sonaba la música del Otoño de Vivaldi Irene estaba tranquila, relajada, cuando terminaba se alteraba y lloraba. Siguiendo las reacciones de Irene podemos decir que éste fue uno de esos momentos de conexión esencial y vital del poder de la música. En general fue una actividad relajada, a la que los niños prestaron muchísima atención, se introdujeron dentro de la historia, les gustó y les relajó. Nos sorprendió el silencio que se hizo para poder escucharla atentamente.



Después sacamos una cesta (como la de los niños del cuento) con imágenes diversas relacionadas con el cuento y el otoño para que cada niño cogiera una e imitara el sonido que representaba su tarjeta. Para algunos sonidos utilizamos instrumentos y también tiramos hojas secas al suelo para que los niños pisaran y escucharan el sonido, actividad que les gustó mucho y les sorprendió, pues ¿cómo es posible que en un aula de un hospital podamos estar pisando hojas secas? Hasta el médico que entró a ver a un niño se sorprendió al ver las hojas pisadas en el suelo.

Cuando cada niño había compartido con los demás su sonido otoñal, cantamos la canción “Jamboree”. En la estrofa (Jamboree) acompañamos con PAI al pulso y en el estribillo imitamos cuatro sonidos diferentes: carcajada, perro, gato y pato. Trabajamos la intensidad (fuerte-piano) y la velocidad (lento-rápido). Es una actividad interesante debido a que la letra es muy fácil de aprender y la melodía también y pueden participar todos. Les gustó mucho y vimos muchas sonrisas que reflejaban el disfrute de los niños con la canción.

Después hicimos un gran círculo en el que cabían hasta las camas y, todos cogidos de las manos, bailamos “Vivan las castañas” (que nuestros amigos del cuento habían recogido en el bosque). Con tanta castaña nos entró un poquito de hambre y pasamos a realizar el “Baile del espagueti”, donde cada uno se convertía en protagonista cada vez que la cantábamos. La acompañamos con gestos y ritmos corporales además de imitar el sorber al comer espaguetis, lo que a todos nos producía bastante risa.


Los niños estaban muy excitados e inquietos por la actividad anterior y, dado las características del grupo, pasamos a una actividad más relajada: pintar un cuadro imaginario con la canción “Dibujar un paisaje” de Andrés Meseguer. A los niños les encantó, todos prepararon su lienzo, sus pinturas… y dejaron volar su imaginación siguiendo la letra de la canción. Tania incluso nos contó que le gusta pintar con pinturas de verdad y que ha hecho algún cuadro que otro. ¡Vaya artistazos!. Repetimos la actividad y pintamos otro cuadro, pues uno les había parecido muy poco.

Como actividad final escuchamos y vimos un vídeo de dibujos sobre la canción “Aquarela” de Toquinho. Para gran satisfacción nuestra ¡les encantó!, se quedaron seducidos por la melodía y por esos dibujos tan geniales que les transportaban a otros mundos fuera del hospital. Durante el visionado del vídeo hubo un momento especial, pues Daniel, un niño con deficiencia auditiva, reconoció el barco y el mar y nos dijo: -¡Mira el barco!, ¡Mira el mar!-….¡Ese momento fue fantástico, lleno de magia, está aprendiendo a hablar y quiso comunicarse con nosotras gracias a la canción!. Volvimos a ver el vídeo y mientras los niños se iban marchando poco a poco, nos despedimos con unas pompas de jabón flotando en el aire, llenando de música, fantasía, alegría e imaginación esta mañana irrepetible, del 11 del 11 del 11. Por cierto, a las 11 y 11 nos regalamos todos un aplauso sonoro, ¡no podíamos olvidar que en un día tan especial estábamos compartiendo música, juegos, danzas, alegría y felicidad!.

Fue una sesión peculiar, debido a que algunos niños eran bastante inquietos y movidos y en muchos momentos les costaba estar sentados o simplemente escucharnos. Las entradas y salidas del personal médico y los niños fueron más frecuentes de lo habitual, lo que también dificultó un poco el desarrollo de algunas actividades. Sin embargo, al final, entre todas, conseguimos hacer que la sesión fuera activa y que los niños participasen al máximo. Cada uno, dentro de sus limitaciones, ha disfrutado de la música y de su poder de transformar la tristeza en alegría y nosotras más al ver que conseguimos por una mañana hacer que el pasaje de estos niños por el hospital tenga sus momentos de “sonrisas”.

Las tres coincidimos en que las  sensaciones siempre son, primero muy intensas y al terminar la sesión, nos quedamos energéticamente agotadas. En esta sesión acabamos especialmente agotadas por las características de los niños y lo numerosos que eran.


También nos queda  el convencimiento de que siempre nos enseñan mucho más los niños a nosotras que nosotras a ellos, pues romper su rutina es importante, pero es que romper nuestra  rutina diaria en el cole por estas sesiones nos insufla una dosis de realismo, de poner los pies en la tierra  y relativizar los problemas diarios que encontramos tanto en el aula como en la vida misma.

El poder vivir esta experiencia siempre es un regalo para nosotras. Cuando se cierra la puerta del aula porque han llegado los niños para comenzar la sesión (aunque entren y salgan médicos y niños….da igual) se crea un halo donde todos los que estamos formamos parte de lo mismo y nos compartimos de igual a igual, los niños, nosotras, la enfermera (Carmen), la maestra Juanamari (mil gracias por su energía, alegría y apoyo en todo momento)…, todos sentimos y disfrutamos viendo como sienten y disfrutan los demás. Es una sesión más que vivimos y compartimos, es una sesión más que agradecemos a todos y cada uno de los que en esa mañana nos reunimos gracias a la música.


Como siempre, en el tintero, o mejor dicho, en la cabeza y en la carpeta, quedaron otras actividades previstas, dispuestas a sacar esa sonrisa que se esconde bajo un pijama azul, pero que volverán en la próxima sesión a encontrarse con nuevos ojos expectantes, con nuevos oídos alertas y nuevas sonrisas que reflejan la alegría que produce el disfrutar con la MÚSICA.

Gracias por hacernos partícipes de este gran proyecto que es el hacer felices a los demás.

ANA MARINA CARRIÓN MARTÍNEZ
(maestra del CEIP Manuela Romero del Puerto de Mazarrón)
Mª ELENA LÓPEZ JIMÉNEZ
(maestra del CEIP San Andrés de Murcia)
SANDRA WECKERLE LENTZ
(amiga y maestra colaboradora de las AAHH)


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