Máscaras que se esconden en mandalas
Escrito por Webmaster Plataforma, martes 8 de mayo de 2012 , 09:08 hs , en Aulas Cirugía y Escolares Arrixaca


Siempre es especial ver cómo los niños van entrando al aula del Hospital, uno no se acostumbra a eso; a ver la fragilidad con la que llegan, a cuestas con su enfermedad, con la alegría de asistir al cole del hospital o con la expectativa de imaginar con qué se van a encontrar.

Llevé la propuesta de los Mandalas porque siempre son una buena manera de tratar de reconectarse con nuestro propio centro, de asentarnos, de centrarnos. La verdad es que llevaba la propuesta para chicos de 10 años. Y precisamente en esta ocasión, la mayoría eran niños de entre 5 y 6 años.
Pero en este contexto hay que estar abiertos y preparados a que sucedan este tipo de cosas.

Y Juana Mari, la maestra del aula, se maneja bien con este tipo de contingencias.
Así que puse un audiovisual para introducir a los niños en el tema, ver la presencia de los mandalas en la naturaleza, de cómo eran algo cotidiano al estar en las estructuras de las flores o de nuestros ojos, por ejemplo.
Después pinté un mandala con ordenador, para que vieran modificaciones sobre la marcha.
Y entrar al tema de los polígonos regulares y los radios ya era algo que dado el nivel del alumnado, era necesario obviar.
Así que a los más pequeños les dimos a elegir mandalas para colorear, y con los más grandes (a partir de 7 años), me puse con la tarea de que crearan sus propios mandalas.
Comenzaron dibujando sobre una plantilla con diferentes radios, 3,5, 6, 7 u 8. Les hice una demostración de cómo colocar formas simétricas a partir de aquella estructura. Miraban incrédulos viendo lo fácil que resultaba. Y cuando ellos se pusieron a dibujar estuve alentando su creatividad, sosteniendo la tensión ante la dificultad, animando.
Estuvieron pintando un buen rato. Juana Mari puso música, que amansa a las fieras, y resultó muy apropiada para este trabajo lleno de concentración.
Los más pequeños se cansaron y JuanaMari detectó que era el momento de darles rienda suelta en el rincón de juegos.
Pero yo seguí con los mayores, ahora usando folios de colores y tijeras para crear mandalas brillantes y vivos. Introducía algún concepto sencillo sobre ejes de simetría, que algunos ya habían visto en el colegio y me puse a recortar con ellos.
En pocos minutos estábamos todos, incluido yo, en plena efervescencia creativa, fluyendo y asombrándonos con cada nuevo mandala que salía de nuestras manos.
Uno de ellos parecía ser una máscara tribal, con sus ojos y todo. Me la puse y los niños se rieron mucho, luego se la probaron ellos mismos. Entonces hice algunas máscaras a propósito, simplemente doblando el  papel en dos y recortando simétricamente. Los niños se asombraban y se las probaban, luego hacían ellos sus propias máscaras.
Los pequeños miraban el resultado de aquél sencillo laboratorio de papeles de color y tijeras. Y también se colocaban las máscaras. Probamos también con papeles transparentes y Juana Mari, toda emocionada, hacía nuevos mandalas así para ponerlos en los cristales del aula.
Salvando la distancia que hay desde la preparación de la propuesta al trabajo del taller plástico, es obvio ver cómo a partir de un guión establecido es bueno dejarse llevar por la dinámica que surge; porque generalmente las propuestas de plástica en primaria son siempre muy cerradas y dejan poco campo a la experimentación.
Los niños llega un momento que conectan con lo que se desarrolla y disfrutan lúdicamente. Parece que el hecho de que los primeros que conectamos con esa dinámica seamos los maestros y profesores, y la respetemos, permite que ellos la vivan más intensamente.
Desde lo simbólico que  subyace al trabajo de la representación, es posible reflexionar sobre cómo hemos recorrido un camino que partía de la multiplicidad del mandala, dentro de la unidad estructurada por su centro, y hemos derivado a la simetría de la máscara, la dualidad; los dos aspectos a cada lado del espejo; el ego y el yo.
El mandala puede ayudarnos a reconectar simbólicamente la dualidad con la multiplicidad del universo para llevarnos al centro que está más allá de las polaridades.
Me encantó divertirme con un niño más , junto a ellos, sentado en una mesa del Aula. Nos despedimos con una energía especial y los niños se fueron con mucho mejor ánimo del que llegaron. Yo, también. Paco Riquelme.











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