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¿Quién fue Hernández Ardieta?

 Nació el año 1838 en Las Moreras (Roldán), término municipal de Torre Pacheco; su infancia y buena parte de su juventud transcurrió en la ciudad de Murcia, a la que regresaría muchos años después.
   Estudió en el seminario de San Fulgencio por complacer a su madre, ya que no sentía la menor vocación y se revelaba contra los dogmas. Graduado en Derecho Canónico, profesor de Física y Química y licenciado en Medicina.
Con un tío suyo, también clérigo, creó y dirigió en La Unión un instituto de primera y segunda enseñanza, así como un periódico titulado "El faro unionense", que pretendía ser "popular, político, moral y enciclopédico".
    En plena luna de miel, año 1874, marcha a Bolivia, no sin antes iniciar a su esposa en el rito masónico. En el país sudamericanos, al principio, segundo jefe de la colonia "El Progreso", en territorio, por cierto, poblado de peligrosas tribus indias. Pronto es el director de aquella sociedad "igualitaria, fraternal y filantrópica". Durante diez años se afana en que no fracase la misión colonizadora.
    Son los jesuitas quienes intrigan cerca del gobierno boliviano para que sea prohibida, pero es el ejército chileno el que incendia la colonia el 28 de abril de 1884. Gracias a unos indios bondadosos, salvan la vida los Hernández Ardieta, huyendo a través de los ríos Madeira y Amazonas, toda una odisea.
    Retornan a España y, provisionalmente, se establecen en Balsicas. En la capital se encuentra con viejos amigos como Antonete Gálvez. Se le nombra redactor jefe del semanario satírico "El profeta" que se editaba en la calle Cartagena, y desde él emprende una serie de campañas anticlericales.
    En 1880 vio convertido en realidad el sueño de su vida: el semanario "El libre pensamiento". Seis años más tarde, es acusado de "reo de apostasía de nuestra santa religión" es excomulgado por el prelado de la diócesis, Bryan. Terminó yéndose a Barcelona, donde se ganó la vida escribiendo gruesos volúmenes, entre ellos los de sus disparatadas memorias, así como una "Química biológica aplicada a la higiene y a la patología humana" y "¡Cien años de vida sana! La longevidad o el arte de vivir mucho tiempo sin molestias ni enfermedades, por un viejo setentón".
    Quien no estaba precisamente sano era él. El 23 de marzo de 1904 se retracta y abjura de sus errores y es acogido en el seminario diocesano de Las Corts. Vuelve a Murcia, con sotana de sacerdote, dice misa en el convento de San Antonio. Muere a los 74 años, el 25 de junio de 1912.

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