Otra manera de curar
Escrito por Webmaster Plataforma, martes 13 de diciembre de 2011 , 08:59 hs , en Aulas Cirugía y Escolares Arrixaca


Llegamos pronto. ¡Y tan pronto! Aunque  Ana nos había dicho que nos recogería a las 9 de la mañana, en la barrera de entrada al Hospital, nosotros ya estábamos allí a las 8,30. Ella, Sole, había confesado su nerviosismo. 

Yo, José María, no, pero no por ello estaba menos intranquilo.




 


Estamos acostumbrados a bregar con 25 ó 30 niños, pero en una escuela de barrio. No sabíamos cómo era una Escuela Hospitalaria, ni con cuántos niños nos íbamos a ver, ni en qué condiciones nos los íbamos a encontrar.



 ¡Era todo incertidumbre! ¡Pero estábamos deseando comenzar ¡




Juana Mari nos llevó al Aula. Sobre una mesa, redonda y baja, pusimos las figuras que iban a ser el escaparate que los niños al llegar iban a mirar, tocar y quedar enganchados.



Yo aún seguía un poco nervioso. Dije que necesitaba echar las cajas de medicamentos al suelo. ¡Sin problemas! ¡Estás en tu aula! Eso me llenó de ánimo. Poder preparar todo a tu manera (en un sitio que no es el tuyo) facilita mucho el camino que aún no sabíamos cómo iba a ser.






La mesa llena de figuras y alrededor de ella, por el suelo, material de desecho: infinitas cajas de medicamentos, bolsas con tapones de todo tipo, botones, lana de varios colores, rollos de papel del váter, palos, yogures, revistas, cartones, etc., etc. 





....¡y en nuestras manos y de las voluntarias, voluntario, porque la mayoría son mujeres, cutter, tijeras, pegamentos y sobre todo ansia por poder llevar al niño a ese mundo de fantasía, y aunque solo sea por unos instantes, ese mundo de ilusión que en la medida de lo posible suavice el mal trago que pasan en el hospital. 




Se abre la puerta. Llegan tres o cuatro niños, más bien pequeños. Se les ve compungidos y expectantes. ¡Todo está por el suelo! Parecen decir que aquello no parece un hospital. ¡Eso ya es bueno! El nombre de cada uno es muy importante. Con ojos de asombro se van acercando a la mesa. Les animamos a que lo hagan y a que toquen.





 

Vamos a hacer con las cajas de los medicamentos que los curan una serie de figuras, entre las que ellos podrán elegir: un carro, una palmera, una mujer, un hombre, un caballo, unas ovejas 



Aún parecen un poco reacios a tocar, a acercarse, pero rápidamente eligen la figura que quieren hacer. Eligen la caja y junto con una voluntaria se ponen manos a la obra. Estos pequeños eligen hacer ovejas y el que es más grande un carro.








De repente se oye un nombre en voz alta. Y otro nombre. Y otro. Van llegando poco a poco, algunos andando pero con una vía cogida, algunos con un gotero, otros en sillas de ruedas y dos niñas en su cama. Su nombre es señal de que alguien importante llega. Ven el taller que hay montado. Ven las figuras. Nos ven a nosotros que los arropamos. No ven, porque esto no se ve, sino que se siente la ternura que sobrevuela toda el aula y que envuelve a cada niño y niña, y que como una suave pluma le hace cosquillas en las mejillas.




Llega una persona mayor. Lo veo agitar la mano, como diciendo la que hay montada aquí 






Uno de los niños en silla de ruedas llega llorando. No quiere estar allí. La madre lo deja pero se va intranquila. No quiere ir al colegio. Creo que lo entiendo. Ve todo lo que hay hecho y que todos están trabajando en algo. Empieza a cambiar de ánimo. 

Quiere hacer un caballo. A su lado una niña, también en silla de ruedas, está haciendo otro caballo. Se anima a hacer el caballo. 





Él elige y yo le ayudo a pegar, cortar Soy, un poco, sus manos. El caballo le relincha. Su cara se transforma. Irradia alegría. Ya no se quiere ir. El pelo del caballo lo quiero de este color, la cola de este otro hay que ponerle los ojos, y las orejas, ¡que se te olvidan las orejas! 

La niña de al lado está haciendo una burrita. Y nosotros vamos a hacer un burrito. Está plenamente integrado  y como él todos y cada unos de los niños que han llegado




Han pasado dos horas y pico desde que comenzamos y no me he enterado. Dos horas de diversión y frenesí con material de desecho para conseguir reavivar ese ser pequeñito, pero grande, que es un niño.




Empiezan a estar cansados y se quieren llevar lo que han hecho. Gracias a todos ellos y a todos los que nos han ayudado.







Hasta pronto.

Sole y José María 


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